jueves, 25 de junio de 2009

¿Qué iba a hacer yo? Sus besos pudieron ganarme y dejé que se quedara conmigo toda la noche, y así sucedió el resto de las veces. Los dos juntos en el cielo, sin acordarnos de aquellos seres graciosos que habitaban allá en la Tierra. Me resultaban irrisorios, quejándose porque el Sol y la Luna nos habíamos vuelto locos y no había ni días ni noches para que ellos pudieran vivir tranquilos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

el perfume que lleva al dolor